El riesgo de crédito es, de forma muy resumida, la probabilidad de que un emisor de deuda incumpla sus pagos, lo que se conoce como pasar a default. Entre las muchas pérdidas que puede sufrir la inversión ante un default se encuentra la del principal de la deuda, los intereses adeudados y el coste de reclamar todo o la parte de estas pérdidas.
Los emisores de deuda que incumplen sus pagos pueden ser tanto estados (en cuyo caso se habla de riesgo soberano) como compañías (en cuyo caso se habla de riesgo de contraparte). Para medir el riesgo de crédito se acude ampliamente a las agencias de calificación como Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch, que realizan valoraciones independientes de la deuda emitida por las compañías y les asignan un determinado escalón o probabilidad de impago.
Analizando las denominadas matrices de transición se obtiene una referencia estadística de la probabilidad histórica de que una compañía entre en default en un plazo de tiempo determinado partiendo de un escalón concreto de calificación. Así, puede obtenerse una medida cuantitativa estimada del riesgo que existe sobre nuestra cartera de inversión.